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14 dic. 2008

Que es el análisis estructuralista.

El estructuralismo lingüístico, movimiento iniciado a principios del siglo XX por Ferdinand de Saussure con su obra Curso de lingüística general (1915), marca el nacimiento de la lingüística moderna, una rama de la psicología social que estudia, según Saussure, “la vida de los signos en el seno de la vida social”, esto es, el signo lingüístico considerado como la unión de un significante –imagen acústica o representación mental de los sonidos que forman un signo- y un significado –concepto o representación mental de la realidad simbolizada en el signo- en un momento histórico dado.

Posteriormente, Roland Barthes (1915-1980), escritor y semiólogo influenciado por las tesis de Saussure, desarrollo un método de análisis estructural de los relatos en el que estableció claramente las categorías de las unidades narrativas, es decir, las piezas más pequeñas que debemos manejar a la hora de estructurar una narración cualquiera. En definitiva, la materia prima con la que vamos a construir nuestra narración.

Barthes analizaba los textos literarios de forma material, esto es, con independencia de la intención del autor o de las coordenadas sociales o históricas en las que fue escrito, considerándolo meramente un discurso formado por un grupo de frases o conjunto de enunciados que, en su totalidad, cuentan una historia. El análisis de la obra debía “establecer, en primer lugar, los dos conjuntos límite, inicial y terminal, y después explorar por qué vías, mediante qué transformaciones, qué movilizaciones, el segundo se acerca al primero o se separa de él: hace falta, en suma, definir el paso de un equilibrio a otro”.

Examinando el papel que jugaba en este proceso cada una de las frases o enunciados que componían el texto, Barthes distinguió dos clases de unidades narrativas: Las funciones, que son las frases o enunciados que presentan acciones y sucesos, y los indicios, que son las que proporcionan datos relacionados con esa acción.

Para entendernos: si comparáramos la historia con una oración, las funciones serían su parte más esencial: sujeto + verbo + complementos directo y/o indirecto; los indicios, en cambio, serían la parte complementaria, es decir, los complementos circunstanciales.

Estas categorías lingüísticas permitían una clasificación de los textos literarios basada en la preponderancia de una u otra clase de enunciado, es decir, que hay relatos marcadamente funcionales (como los cuentos populares) y otros marcadamente indíciales (como las novelas psicológicas), con toda una serie de formas intermedias entre estos dos polos según el género, el período histórico, la intención del autor, etc.

Via: literaturate

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